¿Por qué tanto odio?

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                                        Revista Charlie Hebdo.                                                                         

                                         ¿Por qué tanto odio?

 

¿Hay una calle Sigmund Freud en su ciudad o pueblo?

Si hubiera; ¿es una calle principal, calle peatonal, callecita, un pasaje sin salida?

¡Eso hace una diferencia!

La semana pasada, buscaba la calle Surmelin en un plano de París. No la encontraba pero caí sobre la calle Sigmund Freud. Luego me desperté en la noche, tuve insomnio. No sabía que  había una calle Sigmund Freud en París. Sin embargo no era eso lo que me impedía dormir. Es que la calle Sigmund-Freud está curiosamente mal ubicada y no se la ve para nada vibrante: esta atorada entre un terreno descampado y el periférico, bordeado por un muro anti ruido a lo largo de sus 530 metros- lo vi en internet. No es en absoluto el tipo de calle en la que uno quisiera pasear por la tarde luego de las consultas, un cigarro en el pico.

Entonces hago la siguiente pregunta: ¿qué consejero municipal tuvo la mezquina idea de llamar esta no-calle con el nombre Freud? ¿Quizás un concejal que tuvo un problema con el psicoanálisis?   ¿Con su psicoanalista?

¿Un final de cura un tanto difícil? (como dijo el arquitecto Roland Castro que a menudo contaba su análisis con Lacan: “El fin de análisis se da cuando ya no soportas el tipo que te salvó”).

Sea lo que fuere, pregunto: ¿haberle puesto ese nombre a esa calle horrible, no es un golpe bajo al Psicoanàlisis y a su fundador?

Llamé a la municipalidad del distrito 19 para saber más. No anduvo bien, me derivaron y no pude encontrar a nadie que me informe. ¿Desde cuando esa calle lleva ese nombre? ¿Cómo se llamaba antes? En la esquina hay una estación de metro llamada Danube (Danubio) (Línea 7bis): ¿alguna relación?  (Vienna, la Bergasse, donde  Freud vivió y trabajó durante cuarenta y siete años, cerca del  bello río Danubio azul (Danube), que rodea la ciudad.

Luego de tres días, mis ojos siguen fijados sobre esa esquina del mapa de París. Tengo ganas de hacer un tour, aunque me arriesgue a un dolor de estómago. ¿Entonces qué, enviar un corresponsal  de Charlie Hebdo? (“De nuestro enviado especial en calle Sigmund Freud”,  eso daría chapa).  Mientras tanto, esta mañana hice una visita  3 D en internet, eso me hizo mal: no hay viviendas, no hay  un bar, una panadería, ni siquiera una despensa de pan. ¿Por qué tanto odio? ¿Por qué alojar este prócer  en en el barullo continuo del periférico? Él, que amaba tanto el silencio de su consultorio, propicio para escandir los significantes. Es como un segundo exilio. Y cuando queramos acogotar a Jaques Lacan, ¿lo ubicaremos en el boulevard más contaminado de París?

Luego de saber esto, pregunté a mi alrededor y descubro que en Bondy, por ejemplo, en Seine-Saint-Denis, también hay una calle Sigmund-Freud. Está ubicada en un desagradable barrio administrativo – donde se encuentra la particularmente  austera ARS, Agencia regional de salud. ¡Desde luego!

Imaginen la tortura que debe significar para un anti freudiano radical, ¡vivir o trabajar en una calle Sigmund-Freud!

“Doctor, vivo en el 5 de la calle Sigmund-Freud y tengo pesadillas todas las noches”. Es como pedirle a un firme stalinista que viva en la calle Trotsky en Bobigny.

Fiel lector, tú que vives en una calle Sigmund-Freud en París, en Bondy, en Frankfurt o en otro lugar, escríbame, cuénteme, cuéntenos cómo es eso. ¿Se vive bien? ¿Acaso los comercios de las cercanías tiene nombres freudianos?

¿Lavado y planchado Súper-yo, la Panadería de todos los deseos, Farmacia de la pulsión de vida?

¿Es que los que viven en cada acera son adictos al divan, militantes del inconsciente?

Los testimonios más vívidos serán publicados en esta columna.

                                                                                                                             YANN DIENER, junio 2017

 

Extraído de la revista Charlie Hebdo N° 1300, 21 de junio 2017

Les Histoires du Pére Sigmund

 

Traducción: Eduardo Bernasconi

Corrección de texto: Stella Ocampo

 

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